Trataré de explicarlo todo

Trataré de explicarlo todo

 Julieta Saucillo

Por fin, después de casi seis meses de leerlo (lo dejaba, lo volvía a retomar, lo volvía a dejar…), lo terminé. Sí, acabé de leer: Puedo explicarlo todo, de Xavier Velasco.

No, no es un libro para principiantes y no me refiero a la temática o lenguaje del mismo, me refiero a que si tu propósito de año nuevo es el de fomentarte un hábito de la lectura, no empieces con este mamotreto de 700 hojas (ojo, la historia bien que las vale); sin embargo, estas palabras no son para amedrentarte, al contrario es para invitarte a que te sumerjas en el mundo de Joaquín Medina.

Un camaleónico personaje que se convierte en el ser que amerite la ocasión; por ejemplo: escritor por obligación, delincuente, discípulo, prófugo, terapeuta, salvador de animales y un amante fracasado.

Joaquín es lo que es, no se puede definir como bueno o malo, si no todo lo contario, es un treinteañero que encontró la pasión, lujuria y amor a los 15 años, a lado de Imelda Fredesvinda- una joven delincuente que termina casándose con el padrastro de éste-, lo que, al paso del tiempo, lo convierte en un asalta viudas, o mejor dicho, en un “consejero espiritual” que reconforta a mujeres desconsoladas pero ansiosas de placer, en velorios de la inmensa y ajetreada Ciudad de México.

Basilio Laexus, Doctor Alcalde, Joaquín Basaldúa, Capitán Urubú y Joaquín Medina, son diferentes hombres habitando un mismo cuerpo, y no, no se trata de un esquizofrénico o persona con personalidades múltiples (aunque con éste último tengo mis dudas), se trata de individuos que luchan por salvar a su creador o por lo menos que tratan de que sobreviva un día más en un mundo que él mismo se empeña en destruir y reconstruir a cada paso que da.

Nancy, la madre que nunca lo acepta; Manolo, su padrastro, mujeriego y malparido; Isaías, su “iniciador-maestro”; Gina, el amor de su infancia; Juan Pablo, su abogado y rival de amores y Dalila, la pequeña que saca la poca o nada humanidad que le queda, son los que acompañan a Joaquín en todo el camino a su redención o perdición (según como lo vea el lector).

Es una historia que te atrapa y que parece soltarte en más de una ocasión, pero que finamente te encierra y te envuelve; si ya has tenido la oportunidad de leer otras historias de éste autor, por ejemplo Diablo guardián, verás que hay muchos “guiños” que te refieren a dicho libro.

Antes de terminar, tengo que confesar que el final (como siempre me ocurre) lo tuve que releer un par de veces, las primeras dos para entender lo que había pasado y la tercera y cuarta para disfrutarlo. Sin duda, no podía tener otro desenlace, ese era el destino y esa era la respuesta que se merecía el polifacético personaje.

Obviamente te lo recomiendo, pero si eres como yo, ármate de mucha paciencia y no hagas trampa, no te saltes las hojas (como estuve tentada a hacer) sin duda tendrás una buena recompensa y terminarás con un excelente sabor de boca al terminarlo.

Feliz 2016 y nos leemos pronto.